La apnea obstructiva del sueño es un trastorno frecuente: durante la noche, la vía aérea superior se colapsa parcialmente o por completo, generando pausas en la respiración. La persona suele no recordarlas, pero sí sufre las consecuencias durante el día.
Cómo sospechar
- Ronquido fuerte y persistente.
- Pausas respiratorias presenciadas por la pareja.
- Despertares con sensación de ahogo o jadeo.
- Sueño que no repara: levantarse cansado.
- Somnolencia diurna: quedarse dormido viendo televisión, leyendo o, peor, manejando.
- Dolor de cabeza matinal, dificultad para concentrarse.
- Hipertensión arterial difícil de controlar.
La apnea no tratada se asocia a hipertensión, arritmias, mayor riesgo de infarto y ACV. Es una condición de salud general, no un detalle cosmético.
Cómo se confirma
El diagnóstico se realiza con una polisomnografía o un estudio domiciliario de sueño, según el caso. El examen muestra cuántas pausas respiratorias hay por hora, qué tan profundas son y cómo afectan la oxigenación. Con esa información, el especialista define el tratamiento.
Qué se puede hacer
- Cambios de hábitos: bajar de peso, evitar alcohol nocturno, dormir de lado.
- Dispositivos de presión positiva continua (CPAP) en casos moderados a severos.
- Dispositivos intraorales para casos seleccionados.
- Tratamiento de problemas asociados: nariz, amígdalas, reflujo.
En algunas personas, bajar peso o tratar otras causas permite reducir o suspender el CPAP. Lo importante es seguir el tratamiento mientras esté indicado y reevaluar.
Este contenido es divulgativo y no constituye diagnóstico ni indicación médica. Si tienes síntomas o dudas, consulta con un profesional.