Mientras dormimos, el cerebro no descansa: trabaja consolidando memorias, limpiando productos del metabolismo y regulando hormonas. Dormir mal sostenidamente afecta concentración, ánimo, presión arterial, peso y riesgo cardiovascular. Cuidar el sueño es cuidar la salud general.
¿Cuánto necesitamos dormir?
Los adultos sanos suelen necesitar entre 7 y 9 horas. Niños y adolescentes, más. Más importante que las horas exactas es la regularidad y la sensación de descanso al despertar. Si funcionas mal durante el día, algo del sueño está pidiendo atención.
Bases de una buena higiene del sueño
- Horario regular: acostarse y levantarse a horas similares, incluso los fines de semana.
- Luz natural en la mañana, luz tenue en la noche.
- Evitar cafeína después de la tarde y alcohol cercano a la hora de dormir.
- Cena ligera y al menos dos horas antes de acostarse.
- Pantallas fuera del dormitorio en la última hora del día.
- Habitación oscura, silenciosa y fresca.
- Ejercicio regular, preferentemente en la mañana o tarde.
Quedarse dando vueltas en la cama una hora suele empeorar el insomnio. Levantarse, ir a otra habitación, hacer algo aburrido con poca luz y volver a la cama solo cuando vuelva el sueño funciona mejor.
Cuándo consultar a un especialista
- Insomnio que dura más de tres semanas a pesar de mejorar los hábitos.
- Somnolencia diurna marcada o quedarse dormido en situaciones inadecuadas.
- Ronquidos fuertes, pausas respiratorias durante el sueño.
- Movimientos anormales, gritos o conductas durante el sueño.
- Piernas inquietas que impiden conciliar el sueño.
El estudio del sueño (polisomnografía) permite evaluar respiración, oxigenación, fases del sueño y movimientos. Es el examen clave cuando se sospecha apnea o trastornos más complejos.
Este contenido es divulgativo y no constituye diagnóstico ni indicación médica. Si tienes síntomas o dudas, consulta con un profesional.