Dificultades de pareja: cuándo la terapia ayuda
Equipo Clinit
Todas las parejas tienen conflictos. Lo que distingue a una relación en dificultades no es la cantidad de discusiones sino cómo se discute, qué queda después y si las conversaciones importantes se pueden tener o se evitan.
Esta guía describe los patrones que más desgastan una relación, qué puede ofrecer una terapia de pareja y en qué situaciones NO corresponde hacerla. Está escrita para orientar, no para diagnosticar una relación: eso no se hace por escrito.
¿Qué es?
Las dificultades de pareja no son una enfermedad ni un trastorno. Son un problema relacional, y su impacto en la salud es real: el conflicto sostenido afecta el sueño, el ánimo, la ansiedad y hasta el curso de enfermedades crónicas, y es una de las causas más frecuentes de malestar que llega a una consulta psicológica. Lo que la investigación en parejas describe con más consistencia no son los temas de las peleas —dinero, hijos, tiempo, sexualidad, familia política, tareas domésticas: son casi siempre los mismos— sino las FORMAS de conflicto que predicen desgaste. Suelen agruparse en cuatro. La CRÍTICA, que es distinta del reclamo: reclamar es hablar de una conducta concreta, criticar es hablar del carácter de la otra persona. El DESPRECIO, que aparece como sarcasmo, burla, poner los ojos en blanco o hablar desde arriba, y es el que más daño hace de los cuatro. La ACTITUD DEFENSIVA, que responde a cualquier planteamiento con una justificación o un contraataque, y que convierte cualquier conversación en un juicio. Y la EVASIÓN, que es retirarse de la conversación, quedarse en silencio o irse, muchas veces porque la persona está tan activada que ya no puede pensar. Hay además un patrón que se repite muchísimo y que agota a los dos: uno persigue y el otro se retira. Mientras más insiste el primero por resolver, más se aleja el segundo; mientras más se aleja, más insiste el primero. Ninguno de los dos lo está haciendo a propósito y los dos se sienten víctimas del otro. Salir de ahí es una de las cosas que mejor hace una terapia de pareja. Hay etapas que ponen a prueba a casi todas las relaciones: la llegada de un hijo, una enfermedad grave, la pérdida de un trabajo, el cuidado de un padre mayor, la salida de los hijos de la casa, una migración. Que la relación se tensione ahí no significa que esté mal elegida. Y hay una distinción que esta guía tiene que hacer con claridad. El conflicto de pareja NO es lo mismo que la VIOLENCIA. Cuando hay agresiones físicas, amenazas, control de los movimientos, del dinero o de los contactos, humillación sistemática o miedo, no se trata de un problema de comunicación entre dos partes: es violencia, la responsabilidad no es compartida y la terapia de pareja NO es lo que corresponde —puede incluso aumentar el riesgo—. Lo que corresponde es un abordaje individual y de protección.
Síntomas frecuentes
- Las mismas discusiones se repiten sin llegar nunca a ninguna parte
- Las conversaciones importantes se evitan para no pelear
- Aparecen el sarcasmo, la burla o el desprecio en el trato cotidiano
- Uno insiste en hablar y el otro se retira o se queda en silencio
- Se lleva la cuenta de agravios antiguos y se sacan en cada pelea
- Sensación de soledad estando en la relación
- Distanciamiento físico y afectivo, o diferencias importantes en el deseo
- Desconfianza persistente, revisión del teléfono, necesidad de saber dónde está el otro
- Los hijos presencian las discusiones o son usados como argumento
- Cansancio, insomnio, ansiedad o ánimo bajo que empeoran con el clima de la casa
- Pensar frecuentemente en separarse, o hablar de eso en cada pelea
¿Qué puedes hacer?
- Consulta antes de que la relación esté en su peor momento: la terapia de pareja funciona mejor mientras todavía hay disposición de los dos
- Habla de conductas concretas y de cómo te sientes, en vez de del carácter de la otra persona
- Pide una pausa cuando estés muy activado y acuerda cuándo van a retomar: irse sin decir nada se lee como abandono
- Distingue lo que necesitas de lo que reclamas: bajo casi todo reclamo repetido hay una necesidad que no se ha dicho
- Cuiden los espacios que no son de conflicto: una relación no se sostiene sólo resolviendo problemas
- Si hay hijos, protéjanlos del conflicto: lo que más los afecta no es que los padres discutan, es que discutan sobre ellos o delante de ellos sin resolución
- Consulta individualmente si tu malestar te está afectando el ánimo, el sueño o el trabajo, aunque tu pareja no quiera ir
- Si hay violencia, control o miedo, busca ayuda para ti: eso no se trabaja en terapia de pareja
¿Qué debes evitar?
- No uses el desprecio, la burla ni la humillación, ni siquiera en broma: es lo que más daña una relación de todo lo descrito acá
- No amenaces con la separación en cada discusión: desgasta el vínculo y le quita peso a la conversación que sí hay que tener
- No conviertas a los hijos en mensajeros, en jueces ni en aliados
- No revises el teléfono ni las cosas de tu pareja: si hay desconfianza, ése es el tema a trabajar, no lo que encuentres
- No lleves el conflicto a las redes sociales ni a la familia extendida como estrategia
- No supongas que un hijo va a arreglar la relación: la llegada de un hijo es de las etapas que más la tensiona
- No aceptes que te controlen los movimientos, el dinero o los vínculos como si fuera una forma de amor
- No vayas a terapia de pareja si hay violencia: pide ayuda individual
Qué hacer, paso a paso
Sigue estos pasos en orden mientras agendas tu evaluación.
- 1
Consulta antes de que la relación esté en su peor momento: la terapia de pareja funciona mejor mientras todavía hay disposición de los dos
- 2
Habla de conductas concretas y de cómo te sientes, en vez de del carácter de la otra persona
- 3
Pide una pausa cuando estés muy activado y acuerda cuándo van a retomar: irse sin decir nada se lee como abandono
- 4
Distingue lo que necesitas de lo que reclamas: bajo casi todo reclamo repetido hay una necesidad que no se ha dicho
- 5
Cuiden los espacios que no son de conflicto: una relación no se sostiene sólo resolviendo problemas
- 6
Si hay hijos, protéjanlos del conflicto: lo que más los afecta no es que los padres discutan, es que discutan sobre ellos o delante de ellos sin resolución
Señales de alarma
Cuándo consultar de urgencia
Busca atención médica inmediata si presentas:
- Agresiones físicas de cualquier tipo, empujones incluidos: es violencia y necesita ayuda especializada, no terapia de pareja
- Amenazas contra ti, contra los hijos, contra las mascotas o de suicidio para retenerte
- Control de tus movimientos, de tu dinero, de tu teléfono o de con quién te juntas
- Miedo a decir lo que piensas o a cómo va a reaccionar tu pareja
- Humillación sistemática, aislamiento de tu familia y amigos
- Relaciones sexuales bajo presión o sin que quieras
- Ideas de hacerte daño o de que no vale la pena seguir: busca ayuda el MISMO DÍA
- Consumo de alcohol o sustancias que aparece siempre antes de las peleas graves
- Si estás en peligro inmediato, llama al 133 de Carabineros; si hay lesiones o riesgo vital, al 131
Ante una emergencia llama al 131 (SAMU) o acude al servicio de urgencia más cercano.
Visión general del tratamiento
La TERAPIA DE PAREJA es un espacio con un profesional que trabaja con los dos y con la relación entre ellos, no con uno contra el otro. Existen enfoques con respaldo, entre ellos los que se centran en el vínculo afectivo y los que trabajan sobre patrones de comunicación y conducta, y todos comparten algunas cosas: se trabaja sobre lo que pasa entre ambos, se identifican los ciclos que se repiten y se practican formas distintas de conversar los temas difíciles. Lo primero que hace una terapia de pareja suele ser una EVALUACIÓN: entrevistas con ambos y por separado, historia de la relación, del conflicto y de lo que se ha intentado. Esa parte individual no es un trámite: es donde se detectan situaciones —violencia, una relación paralela en curso, un problema de consumo, un cuadro de salud mental sin tratar— que cambian por completo lo que corresponde hacer. El objetivo NO es siempre seguir juntos. Una terapia de pareja bien hecha puede terminar en una relación reparada, en una relación distinta, o en una separación conversada y menos dañina, sobre todo cuando hay hijos. Plantear desde el principio que el único resultado aceptable es continuar suele impedir el trabajo. En paralelo, la TERAPIA INDIVIDUAL tiene su lugar y a veces es lo que corresponde primero: cuando una de las dos personas está cursando una depresión, un cuadro de ansiedad, un duelo o un problema de consumo, trabajar la relación sin tratar eso rara vez resulta. La TERAPIA FAMILIAR entra cuando el conflicto involucra a los hijos, a las familias de origen o a una reorganización después de una separación. Y hay que decir con qué NO se trabaja en pareja: la VIOLENCIA. Cuando hay agresión, amenazas, control o miedo, sentar a las dos personas a conversar en igualdad de condiciones no sólo no funciona, puede aumentar el riesgo para quien está siendo agredido. Lo que corresponde es un abordaje individual, medidas de protección y, cuando la persona lo decide, los canales legales. En Chile existen orientación y atención especializada para esto, y consultarlo no obliga a tomar ninguna decisión de inmediato.
Cómo medimos tu evolución
Las subescalas de depresión y ansiedad del DASS-21 y la escala de estrés percibido registran cómo está cada persona por separado: se aplican porque un cuadro de ánimo o de ansiedad sin tratar cambia lo que corresponde hacer, y porque trabajar la relación sin verlo rara vez funciona. El AUDIT registra el patrón de consumo de alcohol, y se aplica de rutina y no por sospecha: el consumo problemático es uno de los factores que más aparece detrás de los conflictos graves y casi nunca se menciona si nadie lo pregunta.
- Portal del paciente →
DASS-21 · Depresión (depresión)
Subescala de depresión (7 ítems, 0–3) sobre la última semana. Puntaje 0–21; los puntos de corte se comparan con la escala DASS-42 multiplicando ×2: normal 0–9 · leve 10–13 · moderada 14–20 · severa 21–27 · muy severa ≥28.
- Portal del paciente →
DASS-21 · Ansiedad (ansiedad)
Subescala de ansiedad (7 ítems, 0–3) sobre la última semana. Puntaje 0–21; los puntos de corte se comparan con la escala DASS-42 multiplicando ×2: normal 0–7 · leve 8–9 · moderada 10–14 · severa 15–19 · muy severa ≥20.
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PSS-10 — Escala de Estrés Percibido (estrés percibido)
10 ítems autoinformados sobre el último mes. 0–13 estrés bajo · 14–26 moderado · 27–40 alto. Los ítems 4, 5, 7 y 8 puntúan de forma inversa.
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AUDIT — Test de consumo de alcohol (OMS) (consumo de alcohol)
10 ítems autoinformados sobre consumo de alcohol. 0–7 consumo de bajo riesgo · 8–15 consumo de riesgo · 16–19 consumo perjudicial · 20–40 probable dependencia.
Preguntas frecuentes
Mi pareja no quiere ir a terapia. ¿Sirve que vaya yo solo?
Sí, y bastante más de lo que la gente supone. En terapia individual se puede trabajar cómo participas tú en los ciclos que se repiten, qué necesitas y cómo plantearlo, y qué estás dispuesto a sostener o no. Cambiar la propia parte de un patrón modifica el patrón completo, porque el otro ya no puede responder igual. Y si al final la relación no continúa, habrás llegado a esa decisión acompañado.
¿La terapia de pareja sirve para no separarse?
Su objetivo no es evitar la separación a toda costa: es ayudar a que los dos entiendan qué está pasando y decidan con más claridad. En muchos casos la relación mejora de forma sustancial. En otros, el proceso termina en una separación, y una separación conversada, ordenada y menos hostil es un resultado valioso, sobre todo cuando hay hijos de por medio.
Siempre peleamos por lo mismo. ¿Eso significa que no tenemos arreglo?
No. Una parte importante de los desacuerdos de cualquier pareja son sobre diferencias que no se resuelven del todo —de personalidad, de valores, de ritmo— y que se van a repetir toda la vida. Lo que distingue a las relaciones que funcionan no es que no tengan esos temas, sino que pueden conversarlos sin desprecio y sin que cada vez se ponga en juego la relación entera.
¿Es normal que haya menos deseo que antes?
Los cambios en el deseo a lo largo de una relación son extremadamente comunes y responden a muchas cosas: el momento vital, el cansancio, los hijos, el estrés, la salud, los medicamentos y el clima emocional de la pareja. Que se hable de eso en terapia es habitual y no requiere que haya un problema grave. Y cuando hay un componente médico —hormonal, de un fármaco, de una enfermedad—, corresponde estudiarlo también.
Mi pareja me controla el teléfono y me dice dónde puedo ir. ¿Eso es normal?
No, y no es un problema de comunicación: es control, y es una forma de violencia aunque no haya golpes. Lo que corresponde en esa situación no es terapia de pareja —que puede aumentar el riesgo— sino orientación y apoyo individual. Consultarlo no te obliga a tomar ninguna decisión: sirve para entender la situación y saber con qué apoyos cuentas.
¿Cómo afecta esto a mis hijos?
Lo que más afecta a los niños no es que sus padres discutan, sino el conflicto frecuente, hostil, no resuelto y que ocurre delante de ellos o sobre ellos. Los niños expuestos a eso muestran más problemas de ánimo, de conducta y de sueño. Al revés, ver que los padres discuten y llegan a algún acuerdo les enseña justamente lo que van a necesitar. Y si la relación termina, lo que protege a los hijos es un conflicto contenido entre los adultos, no que se mantenga la convivencia a cualquier precio.
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Esta información es educativa y no reemplaza la consulta médica. Si presentas síntomas, consulta con un profesional de salud calificado. Clinit no se hace responsable por decisiones tomadas en base exclusiva a este contenido.
Adaptado de recomendaciones generales sobre evaluación e intervención en terapia de pareja y sobre la contraindicación de la terapia conjunta en situaciones de violencia en la relación. Las orientaciones acá no reemplazan una evaluación profesional. Guías relacionadas: /patologias/ansiedad, /patologias/depresion-adulto, /patologias/estres-laboral, /patologias/crianza y /patologias/autoestima.
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