Convulsión febril: qué es, qué hacer y por qué no es epilepsia
Equipo Clinit
Una convulsión febril es una crisis que le ocurre a un niño pequeño en el contexto de fiebre, sin que haya una infección del sistema nervioso ni otra causa que la explique. Para los padres es una de las experiencias más aterradoras que existen —muchos creen que su hijo se está muriendo— y por eso lo primero que esta guía quiere decir es que, en su forma habitual, el niño se recupera y queda bien.
La segunda cosa importante: una convulsión febril NO es epilepsia. Son cosas distintas, con causas distintas y con manejo distinto. Aun así, la primera vez siempre se evalúa, porque lo que hay que descartar es que la fiebre venga de una infección del cerebro o de las meninges.
¿Qué es?
La convulsión febril se define por tres cosas juntas: ocurre en un niño pequeño —clásicamente entre los seis meses y los cinco años, que es el rango que forma parte de la propia definición—, ocurre durante un cuadro con fiebre, y no hay una infección del sistema nervioso ni un trastorno metabólico ni una epilepsia previa que la expliquen. Si falta alguna de esas condiciones, ya no se llama así y se estudia de otra manera. Lo que suele verse es esto: el niño está con fiebre, de pronto pierde el contacto, se pone rígido y empieza a sacudirse de los dos lados del cuerpo, puede ponerse morado alrededor de la boca, botar saliva o mojarse. Dura poco. Después queda somnoliento y desorientado un rato —eso se llama período postcrisis y también asusta, pero es esperable— y luego se recupera. Muchas veces la crisis es lo primero que avisa que había fiebre. No es la altura de la fiebre lo que decide: las crisis pueden ocurrir con fiebre moderada, y no ocurren en todos los niños que tienen fiebre alta. Lo que hay de fondo es una susceptibilidad del cerebro en desarrollo, que muchas veces viene de familia, y que se pasa con la edad. Se distinguen dos formas y la diferencia cambia el estudio. Las SIMPLES son las más habituales: la crisis compromete todo el cuerpo, es breve y no se repite dentro del mismo episodio febril. Las COMPLEJAS son las que duran más de lo esperable, las que comprometen sólo un lado del cuerpo o las que se repiten dentro de las mismas horas; ésas se estudian con más detalle. Cuál fue la de tu hijo lo define el médico que lo evaluó, y por eso conviene que quede escrito en el informe de atención.
Síntomas frecuentes
- El niño está con fiebre y de pronto pierde el contacto: no responde al llamado ni a la voz
- El cuerpo se pone rígido y luego se sacude, habitualmente de los dos lados
- Los ojos se voltean o quedan fijos
- Puede ponerse morado alrededor de la boca, botar saliva o mojarse
- Después de la crisis queda somnoliento, decaído o desorientado por un rato
- Muchas veces la crisis es lo primero que avisa que el niño tenía fiebre
- Ocurre en niños pequeños, en el rango de edad que forma parte de la definición
- Es frecuente que haya antecedentes de lo mismo en el papá, la mamá, un hermano o un primo
¿Qué puedes hacer?
- Durante la crisis: mantén la calma, acuesta al niño de lado en el suelo o en una superficie plana, y despeja lo que tenga alrededor
- Afloja la ropa del cuello y no lo sujetes ni intentes detener los movimientos
- MIRA LA HORA. Cuánto duró es el dato que más va a servir después y el que nadie recuerda con precisión
- Si puedes y hay otra persona, GRABA UN VIDEO: qué partes del cuerpo se movieron y si fue de los dos lados o de uno es información que el médico no va a poder obtener de otra manera
- Cuando termine, déjalo descansar de lado y acompáñalo hasta que despierte del todo
- Consulta siempre después de una crisis, y en la PRIMERA acude a urgencia el mismo momento: lo que se evalúa no es la crisis, es de dónde viene la fiebre
- Anota qué temperatura tenía, hace cuánto empezó la fiebre, qué otros síntomas hay y qué medicamentos recibió
- Trata la fiebre por el confort del niño, con lo que su pediatra te haya indicado y en la forma en que te lo indicó
¿Qué debes evitar?
- NO le metas nada en la boca: ni los dedos, ni una cuchara, ni un paño. No se traga la lengua, y sí se producen lesiones y atragantamientos por hacerlo
- No lo sujetes con fuerza ni trates de frenar las sacudidas
- No le des agua, comida ni medicamentos por boca mientras esté convulsionando o dormido
- No lo metas a una tina con agua fría ni le apliques alcohol: no previene nada y puede hacerle daño
- No le des medicamentos que no le hayan indicado, ni combines antipiréticos por tu cuenta
- No asumas que ya sabes de dónde viene la fiebre en la primera crisis: eso es justamente lo que hay que evaluar
- No supongas que tu hijo tiene epilepsia. Son cosas distintas, y quien determina si hace falta algún estudio adicional es el neurólogo infantil
Qué hacer, paso a paso
Sigue estos pasos en orden mientras agendas tu evaluación.
- 1
Durante la crisis: mantén la calma, acuesta al niño de lado en el suelo o en una superficie plana, y despeja lo que tenga alrededor
- 2
Afloja la ropa del cuello y no lo sujetes ni intentes detener los movimientos
- 3
MIRA LA HORA. Cuánto duró es el dato que más va a servir después y el que nadie recuerda con precisión
- 4
Si puedes y hay otra persona, GRABA UN VIDEO: qué partes del cuerpo se movieron y si fue de los dos lados o de uno es información que el médico no va a poder obtener de otra manera
- 5
Cuando termine, déjalo descansar de lado y acompáñalo hasta que despierte del todo
- 6
Consulta siempre después de una crisis, y en la PRIMERA acude a urgencia el mismo momento: lo que se evalúa no es la crisis, es de dónde viene la fiebre
Señales de alarma
Cuándo consultar de urgencia
Busca atención médica inmediata si presentas:
- LA CRISIS DURA MÁS DE CINCO MINUTOS o no se detiene: llama al 131
- Se repite otra crisis sin que el niño haya recuperado la conciencia entre una y otra: llama al 131
- Le cuesta respirar, se pone morado y no mejora al terminar la crisis: llama al 131
- El niño no despierta o sigue muy decaído bastante después de la crisis
- La crisis comprometió sólo un lado del cuerpo, o queda con un lado más débil después
- Tiene menos de seis meses, o está fuera del rango de edad habitual
- Rigidez de nuca, manchas en la piel que no desaparecen al presionarlas, vómitos persistentes o llanto inconsolable: eso hace pensar en una infección del sistema nervioso
- Está con tratamiento antibiótico en curso, tiene una enfermedad de base o le habían indicado antes algún estudio neurológico
- Vuelve a convulsionar dentro del mismo cuadro febril
Ante una emergencia llama al 131 (SAMU) o acude al servicio de urgencia más cercano.
Visión general del tratamiento
Lo primero es la evaluación de la causa de la FIEBRE, no de la crisis: se busca el foco infeccioso y se descarta que sea una infección del sistema nervioso. Eso se hace con el examen del niño; los exámenes de laboratorio, la punción lumbar o las imágenes se indican según lo que ese examen muestre y según la edad, no de rutina en todos los casos. En la convulsión febril simple, habitualmente NO se necesita electroencefalograma ni resonancia. Esto sorprende a muchas familias, que esperan un estudio del cerebro; la razón es que en esa forma los exámenes no cambian el manejo ni predicen nada útil. En las formas complejas, en las crisis prolongadas, en las que comprometen un lado del cuerpo, o cuando el niño tiene alguna alteración del desarrollo o del examen neurológico, sí se amplía el estudio, y eso lo define el neurólogo infantil. No se indica tratamiento antiepiléptico de mantención por haber tenido una convulsión febril: los riesgos superan a lo que se ganaría, y estas crisis se pasan con la edad. Lo que sí puede indicarse en situaciones seleccionadas es un tratamiento de RESCATE para usar en la casa si una crisis se prolonga, junto con instrucciones muy claras de cuándo y cómo darlo. Esa decisión, y las instrucciones, son individuales y las entrega tu médico; esta guía no las reemplaza. Sobre los antipiréticos hay una expectativa que conviene aclarar: se usan para que el niño esté más cómodo mientras cursa su infección, y no como una forma de garantizar que no vuelva a convulsionar. Bajar la fiebre no evita necesariamente una nueva crisis, y darle más medicamento que el indicado no aumenta la protección. El seguimiento es con el pediatra, y con neurología infantil cuando la crisis fue compleja, cuando se repite, cuando el niño está fuera del rango de edad esperable o cuando hay algo en el desarrollo que llame la atención. El pronóstico habitual es bueno, y la mayoría deja de tenerlas a medida que crece.
Preguntas frecuentes
¿Mi hijo va a quedar con epilepsia?
Una convulsión febril no es epilepsia y en la mayoría de los niños no deriva en ella. Existen situaciones en que el neurólogo mira el cuadro con más atención —crisis prolongadas, crisis de un solo lado, alteraciones del desarrollo o del examen neurológico, antecedentes familiares de epilepsia— y por eso la evaluación es individual. Tu neurólogo infantil te puede decir dónde se ubica tu hijo.
¿Le quedó daño en el cerebro?
Las convulsiones febriles en su forma habitual no dejan daño cerebral ni afectan el aprendizaje o el desarrollo. La somnolencia y la desorientación posteriores son parte de la recuperación normal de una crisis y se pasan.
¿Le puedo dar el antipirético antes para que no le dé otra?
Los antipiréticos sirven para que el niño esté más cómodo, y así se usan. No se ha demostrado que administrarlos de forma preventiva evite una nueva convulsión febril, así que no conviene dárselos con esa expectativa ni excederse en las dosis indicadas por eso.
¿Le puedo poner las vacunas?
En general la vacunación se mantiene, porque las enfermedades que previene son mucho más peligrosas que una convulsión febril. Algunas vacunas producen fiebre unos días después y por eso conviene conversar con el pediatra cómo manejar esos días. Suspender el calendario por cuenta propia no es la solución.
¿Y si le vuelve a pasar?
Puede volver a ocurrir dentro del mismo rango de edad, sobre todo si la primera fue temprana o hay antecedentes familiares. Lo importante es que ya sabes qué hacer: acostarlo de lado, mirar la hora, no meterle nada en la boca y llamar al 131 si pasa de cinco minutos. Si tu médico te indicó un tratamiento de rescate, úsalo tal como te lo explicó.
¿Tengo que llevarlo a urgencia todas las veces?
La primera vez, sí. Después, la conducta la define tu pediatra según cómo fue la crisis y qué tan claro esté el origen de la fiebre. En cualquier caso, siempre hay que consultar si la crisis fue larga, si comprometió un lado del cuerpo, si se repitió, si el niño no se recupera bien o si hay señales de infección del sistema nervioso.
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Esta información es educativa y no reemplaza la consulta médica. Si presentas síntomas, consulta con un profesional de salud calificado. Clinit no se hace responsable por decisiones tomadas en base exclusiva a este contenido.
Adaptado de la definición de crisis febril de la Liga Internacional contra la Epilepsia (ILAE) y de guías de manejo de la crisis febril simple y compleja en pediatría. Guías relacionadas: /patologias/epilepsia-infantil, /patologias/crisis-epileptica-unica, /patologias/estatus-epileptico y /patologias/sindromes-epilepticos-infantiles.
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