La epilepsia es una condición frecuente, pero arrastra estigmas que vienen de muy lejos. Conocer los hechos ayuda a las personas que la viven y a quienes las acompañan.
Mito 1: "Hay que poner algo en la boca para que no se trague la lengua"
Falso. La lengua no se traga durante una crisis. Introducir objetos en la boca puede romper dientes, lesionar la encía o causar asfixia. Lo correcto es proteger la cabeza, girar a la persona de costado y esperar.
Mito 2: "La epilepsia es contagiosa"
No lo es. La epilepsia es una alteración del funcionamiento eléctrico del cerebro, sin ningún tipo de transmisión entre personas.
Mito 3: "Las personas con epilepsia no pueden trabajar ni hacer deporte"
La gran mayoría logra controlar bien sus crisis con tratamiento y lleva una vida laboral y deportiva plena. Hay precauciones específicas para ciertos deportes (natación, escalada en altura) y para algunos trabajos, pero la regla general es la inclusión.
Mito 4: "Todas las crisis se ven igual"
Hay muchos tipos de crisis. Algunas son convulsiones generalizadas; otras son ausencias breves donde la persona "se desconecta" un par de segundos; otras son sensaciones extrañas, olores, sabores o movimientos focalizados. Por eso el diagnóstico se basa en una descripción detallada y, cuando es necesario, en electroencefalograma.
Compartir con familia, colegas o profesores el diagnóstico y las indicaciones permite que estén preparados si ocurre una crisis. Ocultar la condición suele aumentar la ansiedad de quien la vive.
Mito 5: "Si lleva años sin crisis, la epilepsia se va sola"
El tratamiento debe revisarse periódicamente con el neurólogo. En algunos casos se puede ir disminuyendo, pero esa decisión nunca debe tomarse por cuenta propia: interrumpir el tratamiento sin acompañamiento puede provocar nuevas crisis.
Este contenido es divulgativo y no constituye diagnóstico ni indicación médica. Si tienes síntomas o dudas, consulta con un profesional.